05 mayo 2016

Yo estuve en el Allianz

Se repite la final de hace dos años. El derby de la capital de España se vuelve a repetir como el ajo, como pasó hace un lustro con el clásico. Para llegar a Milán ambos equipos madrileños han tenido que superar varias eliminatorias. El Atlético de Madrid pasó como primero la fase de grupos dejando en la cuneta a los campeones de las Ligas kazaja, el Astana, y turca, el Galatasaray, y como segundo al campeón de la Liga portuguesa, el Benfica. Ya en las eliminatorias puras se enfrentó en octavos de final al campeón de la Eredivise, el PSV Eindhoven, y en el Philips Stadion estuvimos animándole. En cuartos de final tuvo que enfrentarse al Campeón de la Liga española, el FC Barcelona, y al Nou Camp fueron en autobús Sergio y Paco a animarles. Y ahora en semifinales tuvo que enfrentarse al campeón de la Bundesliga, el Bayern de Munich, y fuimos al Allianz a animar al equipo, donde la tertvlia tenía una asignatura pendiente.

Quedamos a las 05:40h en Cuatro Caminos para dirigirnos a la T2 del aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas. A las 05:54h ya estábamos en la cola para adquirir las tarjetas de embarque, la de ida y la de vuelta y la de otro tío. Mientras en los mostradores del viaje de Halcón Viajes apenas había gente, en los del viaje de la Agrupación de Peñas, la cola se eternizaba; eran el sistema informático, al parecer. Embarcamos a través de las jardineras, como suele ser costumbre con los vuelos charter y tras 2 horas y cuarto de vuelo estábamos aterrizando en el aeropuerto de la capital bávara. La temperatura era agradable. Montamos en los autobuses de dos pisos que nos llevaron al centro de Munich para pasar las horas hasta que el partido diera comienzo.

En la Marienplatz ya se veían y oían muchos rojiblancos. Los de la peña del 17 de mayo ya habían llegado y habían desplegado sus pancartas en medio de la plaza (iban en el vuelo de Halcón Viajes). Nos encaminamos a la cervecería HB, afamada por los discursos que allí pronunciaba Adolf Hitler y también por la hospitalidad de los camareros y clientes bávaros. Nos costó encontrar un sitio, pero al final nos sentamos y pedimos dos lagerbier y una weissbier y una salchicha bávara. Los aficionados rojiblancos comenzaban a llenar el local y los cánticos cada vez se oían más. 
Estábamos tan a gusto que nos cambiamos de local para comer y cruzamos la calle al Agustiner donde, esta vez sí, nos atendió una amable camarera que nos sirvió unos codillos acompañados de dos lagerbier y una weissbier. El ambiente era más relajado en esta cervecería. En la mesa del fondo unos aficionados rojiblancos con los que ya coincidimos en Eindhoven compartían mesa con unos aficionados del Bayern departiendo sobre Pep y su juego. Una vez dado cuenta el apfelstrudel salimos a la calle a disfrutar del ambiente.

En el camino al Viktualienmarket nos cruzamos con un vástago tertvliano, un buen converso. Iba acompañado de su madre y de su abuelo con el que disertamos acerca de la eliminatoria. Las sensaciones eran diferentes a las de hace dos años en Stamford Bridge. En esa ocasión el Atlético de Madrid no iba con la ventaja que ahora tenía. Tras hacerme una foto con el vástago tertvliano que pasará a engrosar su basta colección giramos hacia la catedral de Munich, la que tiene una torre más alta que otra por un centímetro. Entramos a ver nada, es lo que tienen las iglesias protestantes. A la vuelta de la catedral se encontraba en obras el pub irlandés en el que Viaje Anual Deportivo hizo parada allá por 2010, pero al lado se encontraba otro Agustiner donde pedimos dos lagerbier y una weissbier a la espera de que Santi, que venía de Gran Canaria, vía Fuerteventura, diera señales de vida. 

Empezaba a chispear. Los atléticos de la mesa de al lado coreaban todo el repertorio del Frente Atlético. Empezaba a diluviar. Santi ya había aterrizado y se encontraba en el metro. Los nervios comenzaban a aflorar. Otra ronda. El Bayern de Munich tiene mucha tradición en la Copa de Europa y empezamos a recordar algunos de sus partidos y de sus jugadores como Elber, Effenberg, Mehmet Scholl, Salihamidzic y ese jugador rubio que salía en las segundas partes y siempre metía gol... no nos salía, así que me acerqué a un seguidor del equipo muniqués a preguntarle. Era Zickler. Aproveché a preguntarle por Goetze, me decía que era un estilo Podolski, que funciona en la selección pero no en el club. También me comentó que los aficionados no estaban contentos con que Müller, el Raúl alemán, no jugara de inicio en el partido de ida. Después de desearle suerte volví a la mesa donde los nervios se podían palpar. Santi por fin aparece con su mochila, se quedará a dormir para al día siguiente ir a Stuttgart donde cogerá un vuelo directo a Las Palmas. Decidimos ir a la Marienplatz, pero diluviaba y allí poca gente quedaba. Nos metimos en una cervecería aledaña con otros amabilisimos camareros que nos sirvieron tres mierdas de lagerbier y una mieda de weissbier, seamos sinceros. Al menos el ambiente animaba, los aficionados rojiblancos cantaban picados con los aficionados bávaros que tenían tres canciones y poco más. No estuvimos mucho porque ya eran las seis pasadas y había que ir hacia el estadio. 

En el metro Paco y yo sacamos el billete y bajamos al andén que ya estaba lleno de aficionados, sobre todo rojiblancos, cantando y el convoy llegaba. El vagón estaba hasta los topes y los aficionados también que iban desgranando el repertorio rojiblanco: himno, te quiero atleti, contigo a la final, Fernando Torres y más y más... 

Por fin llegamos a la Fröttmaning. Al fondo ya se veía el Allianz, todo blanco, porque aún no estaba el Bayern dentro. Paramos a avituallarnos pues se presumía una noche larga, además de que comprar comida en el estadio era una movida. Degustamos dos roter bobby y dos weisser bobby regadas por dos alcoholfrei bier.


Nos íbamos acercando al estadio pero había pocas señales. Los que nos encontramos fue una valla y tres puertas de acceso que nos separaban del estadio. Accedimos junto a los aficionados del Bayern por una de ellas donde nos hicieron un cacheo sui generis y no nos pidieron ni ningún tipo de identificación, igualito que en Eindhoven. A medida que nos acercábamos al estadio se apreciaba más su magnificiencia, pero que no dejaba entrever lo que nos encontraríamos dentro: el estadio más bonito que hemos visitado hasta la fecha. 

El ambiente ya estaba y nos acomodamos en nuestros sitios,  pero había que rescatar a Santi que tenía la entrada en otro bloque. Afortunadamente uno de los asientos al lado nuestro estaba vacío con lo que no hubo problema. Había aficionados pertrechados para no perder detalle del partido.

Entramos con tiempo así que vimos cómo el equipo salía a calentar mientras la afición rompía a animar. Los jugadores se volvieron a sus vestuarios y los aspersores empezaron a funcionar. El mosaico empezaba a adivinarse cuando los jugadores saltaron al campo acompañados de los niños que siempre les acompañan. Empezó a sonar el himno de la Champions y el Allianz vibraba.

El partido dio comienzo con un dominio apabullante del Bayern. Cada vez que el Atleti robaba el balón le duraba poco o muy poco, los centrales y Augusto soltaban patadas a seguir, Gabi intentaba salir combinando pero sin éxito. Iba a ser difícil aguantar ese asedio. Al final el gol llegó a través de un desvió de Giménez, que pudo sufrir falta previa, al lanzamiento de una falta tirada por el tolosarra defraudador, Xabi Alonso. 


Mal panorama, marcaron muy pronto y el equipo no salía de su campo, y para colmo, Giménez, que últimamente está muy nervioso, cometía un claro penalty sobre Javi Martínez a la salida de un corner. El Bayern iba a dar la vuelta a la eliminatoria, pero Müller falló el penalty o, mejor dicho, Oblak lo paró. Esto dio aire a los rojiblancos y lo mejor que pudo pasar es que llegara el descanso. Había que dar un golpe de efecto y este fue Carrasco que salió por Augusto y que dio más oxígeno al centro del campo. 

El Bayern seguía asediando pero el Atleti ya salía mejor al contraataque hasta que en uno Koke vio a Griezmann que dejó la pelota a Torres para que éste le dejara solo delante de Neuer. La cabalgada del francés se hizo eterna, pero sabíamos que marcaría, no suele fallar en el mano a mano. El deseado gol llegó. Celebramos el gol quitándonos los nervios de encima, abrazos y abrazos. Pero estos nervios iban a volver porque Oblak se quedó a media salida de un pase de Ribery de manera que el polaco Lewandoswki fusiló a placer. Volvía la mínima diferencia, un gol nos dejaba fuera, pero el Atleti conseguía salir algo más que en la primera parte y en una de esas Torres dribló a varios defensores cayendo dentro del área. Penalty. 

Lo tiraba Torres porque Griezmann ya no estaba en el campo. Paco se daba la vuelta, no quería verlo, pero no debería fallar porque nunca ha fallado en los momentos importantes, pero lo tiró tan rápido y sin pensar que fue calcado al de Müller, lo falló o, bien, lo paró Neuer. Quedaban aún 10 minutos de sufrimiento, pero Oblak estaba ahí parando todo lo que le llegaba. La tablilla marca 5 minutos de descuento, miraba a mi derecha y veía a Santi con la mirada fija hacia el suelo. Thomas la pierde... ¡Final! Explosión de júbilo. Costó. Lo celebramos, los jugadores también. La tercera final de Copa de Europa. El Allianz se fue vaciando mientras la afición rojiblanca cantaba y festejaba y salieron a saludar los jugadores con el Cholo Simeone.

Salimos del estadio para coger el bus que nos llevaría al aeropuerto y al fondo aún se oían los cánticos de los que quedaban dentro del estadio. Hacía un frío considerable que afortunadamente no sufrimos dentro del campo gracias a la estructura cerrada del mismo. Subiendo al autobús el chófer aprovechó a hacer su agosto vendiendo agua y cervezas. A las doce de la noche estábamos en el aeropuerto y las tres de la noche tomamos tierra en Madrid, la capital fútbol europeo, la capital con más finales de Copa de Europa y en Milán podrá convertirse en la segunda capital europea con dos campeones de Europa. El 28 de mayo la solución en San Siro o, para el Cholo, Giuseppe Meazza.


  



18 abril 2016

Paquetes Atléticos XVI

Tifo de partido de vuelta de cuartos de final de Champions 2015-2016
Finalizada la 33ª jornada del Campeonato de Liga 2015-2016, el Club Atlético de Madrid ha vuelto a cumplir por tercera temporada consecutiva con su objetivo de la temporada, 3º puesto de la Liga y cuartos de final de la Champions; un objetivo que, habiendo sido ya superado en la máxima competición continental (muy de Pedro Pablo Parrado), aún puede ir más allá en ambas competiciones. Pero no se deben hacer castillos en el aire ni olvidar de dónde se viene, del Gilifato.

Engañoso
El humilde
La saga se sitúa en la temporada 2008-2009, la temporada de la vuelta a la Champions, pero teniendo que superar la fase previa ante el Schalke 04, con un global de 4-1 engañoso como se puede leer en la crónica de nuestros contertvlios. Europa temblaba ante la vuelta del equipo rojiblanco que hace una aseadita fase de grupos recordada por el "Puta Platini" o "Santos Liberté". Quedó 2º de grupo y cayó en los octavos de final ante el Oporto de Hulk y el Cebolla Rodríguez en O Dragao donde volvería más adelante para hacer historia, precisamente con el entrenador que finalizó la temporada que nos ocupa, el humilde Abel Resino; y es que el mexicano Aguirre fue destituido a primeros de año (2009, se entiende) porque el equipo no jugaba un pimiento.

Diego con 19 años
En esta temporada se soltó mucho lastre, como de costumbre, pero la fórmula de la cesión empezaba a hacerse hueco, lo cual permitía retener a los paquetes con el fin de que algún entrenador descubriera alguna virtud, como pasaría más adelante con Diego Costa, que en esta temporada cambió su cesión del Celta de Vigo al Albacete, o con Reyes que fue cedido al Benfica, o con el mítico Cleber Santana que fue cedido al Mallorca, en el que se salió, de manera que volvió al Calderón a la temporada siguiente para seguir demostrando lo paquete que es; Valera se fue cedido al Racing; Zé Castro al Deportivo; Jurado y Mario Suárez recalaron en el Mallorca donde por fin maduraron, uno más que otro... Multitud de cesiones y alguna salida como la de Motta, Fabiano Eller, Mista o el denostado Pichu Cuellar. Un caso especial fue el de Roberto, el portero de las comisiones, que en este año fue vendido al Recre.

En el apartado de altas, se incorporaron menos jugadores de lo habitual, a pesar de la soltada de lastre, con lo que el número de paquetes en esta temporada fue menor de lo habitual. El paquete de esta temporada es Sinama Pongolle, Singol para los amigos, un francés que provenía del Recreativo de Huelva donde tenía un promedio de 11 goles en las dos últimas temporadas. Venía como tercer delantero y su promedio bajó a los 5 goles. Se lo debió pasar bien en Madrid.
John anunciando bragas
Los 5 contra el calvo
El holandés Heitinga venía con buen cartel, pero pasó a formar parte de ese tipo de jugadores que la noche madrileña se le quedaba pequeña. El portugués Maniche volvía al Atleti y a la noche madrileña tras la cesión al Inter de Milán. Y a mitad de temporada vino cedido el joven pajillero argentino Ever Banega que poco pudo demostrar durante su estancia, lo que  le llevó de vuelta a Valencia.


Thomas
Brasileño o portugués,
no mires en Google
En esta temporada llegan al equipo dos jugadores de los que se llaman "de club". El checo Thomas Ujfalusi que a pesar de estar solo tres temporadas en el club, éste le dejó huella; con el tiempo se irá agrandando su leyenda. El otro jugador fue el brasileño o portugués,  Paulo Assunçao, el centrocampista que daba equilibrio al equipo que se partía en dos.
En último lugar desde el Olympique de Lyon vino, a retirarse, el portero francés Coupet, recordado por el saco de goles que se llevó del Nou Camp.


En lo que se refiere a la cantera, este año fue nefasto, puesto que el cambio de entrenador motivó que éste confiara en los jugadores con experiencia; así que el único que debutó fue Álvaro Domínguez que brilló a gran altura en las siguientes temporadas pero que acabó yéndose a la Bundesliga.





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01 marzo 2016

Patata a Patata por Eindhoven

Ya se han disputado los partido de ida de los octavos de final de la Champions League con un balance de dos victorias y un empate para los equipos españoles que aún quedan en liza. El empate lo cosechó el Atlético de Madrid en su visita al precioso Philips Stadion de Eindhoven tras disputar otra patata de partido a la que nos tiene acostumbrados en esta temporada; patata que pude presenciar en directo. Fue un viaje que no estaba previsto puesto que el alto precio de la entrada (50€) y del vuelo chárter de ida y vuelta en el día de las peñas (375€), junto al escaso fútbol desplegado por el equipo esta temporada, no invitaba a rascarse el bolsillo; pero un cambio de última hora en el que por el mismo precio se viajaba el día anterior con el equipo, hizo que me animara a acompañar a Paco y Sergio y a Santi que iba directo desde las islas afortunadas, y al equipo, claro.

Quedamos a las 08:00h en Cuatro Caminos para dirigirnos al aeropuerto en el que había que estar a las 09:00h-9:30h y ahí estábamos los primeros a las 08:30h como unos campeones, el vuelo no se nos escapaba. A las 10:30h cogimos las regaderas jardineras y embarcamos en el Francisca Acera (nombre de la madre del fundador de Air Europa), el primer avión europeo con todos los asientos de clase "business", solo los asientos. Entramos por la puerta trasera del avión para situarnos en su parte trasera que se encontraba separada por unas cortinas que cortaban el paso a la otra parte del avión donde se situarían el equipo, sus familiares, los periodistas, los que pagaron 850€... y no sé quién más. Tras llegar el equipo y embarcar por la puerta delantera, el avión despegó en hora y cogimos rumbo a Eindhoven.

El vuelo se pasó volando, nunca mejor dicho, entre discusiones de si el equipo ha jugado bien algún partido esta temporada o si Torres debe renovar, mejor dicho, ficharle, solo interrumpidas por las amables azafatas que nos ofrecieron un mini-brioche de jamón y queso y una mini-cerveza Mahou, cómo no, que nos querían cobrar; y las visitas que Koke o el gran Antoñito Ruiz hicieron a la parte de atrás.

Aterrizamos en el pequeño aeropuerto de Eindhoven pasadas las 13:30h y mientras Silvia Barba hacía su entradilla para el TD1, los jugadores ya estaban subidos en el bus que les llevaría al Pullman Hotel (¿qué harán tantas horas en el hotel?).
Nosotros nos dirigimos al Best Western montados en el bus cuyo trompibusero intentaba arreglar el micro mientras conducía.

Una vez solucionada la incidencia de la habitación triple que se convirtió en una doble y una individual ya eran las tres de la tarde y salimos a la ardua búsqueda de algo de comer bajo una intermitente llovizna. Finalmente, tras recorrer la en ese momento desierta Stratumseind, que es la calle de bares más larga de Holanda, llegamos al Markt donde encontramos las cada vez más extendidas cervecerías que ofrecen snacks, hamburguesas, sandwiches y variados de fritanga; y degustamos unos nachos y unas hamburguesas regadas por unas Jupiler y unas Witte Trappist.

Salimos y ya estaba atardeciendo. Decidimos acercarnos al estadio que se encuentra a nada del centro. El juego de luces rojiblancas en su fachada le da un aire moderno a un estadio construido en 1903 y en el que caben 35.000 espectadores que siempre registra llenos. Hay que tener en cuenta que Eindhoven cuenta con 200.000 habitantes, más o menos como Castellón.

Pudimos ver desde fuera al equipo entrenando; el Cholo realizando centros desde banda. Mientras esperábamos la salida de los jugadores nos dimos una vuelta por los alrededores. En el fondo norte nos encontramos con dos valencianos encargados de las vallas de publicidad que por lo que se ve tienen que ser de medidas standard UEFA y esta empresa levantina las proporciona a varios clubes. Se pasan el año recorriendo diferentes ligas y divisiones europeas.

Volvimos a la puerta de salida de los jugadores donde habría una veintena de personas aguardando. El primero que salió fue Gámez, después Oliver con el jovencísimo Lucas, Moyá, Gimenez, Mati, Gabi, Koke... los VIP... unos se paraban más que otros, pero todos sí que paraban a los pies de la cámara de la unica chica que había y que les solicitaba insistentemente. Mención especial a Giménez que fue de los que más se paró junto a un Torres que es todo un señor.


Con el que pudimos hacernos una foto fue con el Mono Burgos al que pedimos que volvieran esas jugadas de estrategia tan trabajadas y fructíferas, visto que el juego no aparece.


No terminamos de ver salir a todos los jugadores porque se acercaba la hora Champions y había que coger sitio en el irlandés de Eindhoven, este se llamaba O'Neils O'Shea. La Juve y Bayern empataron y el Barça ganó al Arsenal. No sabíamos con quien iba la gente que abarrotaba el local, la verdad, sobre todo se oían expresiones de asombro como si aquello fuera la ópera.
Finalizados los partidos parecía que el día tocaba a su fin, pero de camino al hotel encontramos una barra con un bar en el que se encontraban varios atléticos y también algún que otro extranjero, entre ellos, dos turcos de Ankara que ponían por las nubes a Arda Turan, no es para menos. Allí pasamos unas horas con las aficionadas atléticas proclamando que "lo que pasa en Eindhoven, se queda en Eindhoven".





Al día siguiente amaneció con un sol brillante que animaba a dar un paseo por la ciudad, ciudad arrasada en la 2ª Guerra Mundial y es que allí se encontraba la fábrica de Philips, que fabricó para los nazis. Pasamos por el hotel del equipo donde 4 aficionados esperaban a la salida para el paseo de los jugadores. Entramos en la iglesia de Santa Catalina donde pudimos disfrutar de un concierto de unas niñas de la parroquia.


Tampoco había mucho que ver y, para matar el tiempo enfilamos hacia el Museo Philips cruzando por el Bergen. La entrada de 8€ no se amortiza la verdad. El museo tiene alguna curiosidad como el mítico juego de Atari de Ping Pong.

De ahí fuimos a comer y buscando un sitio, acabamos en el sitio de al lado del día anterior. En el Markt ya se empezaba a ver a atléticos que llegaban ataviados de banderas y bufandas. Había holandeses haciendo negocio vendiendo bufandas, bastante feas, del partido.




Terminamos de comer y nos instalamos en la plaza para vivir el ambiente cuando al fondo se empezaron a oir cánticos, eran los integrantes de la peña del 17 de Mayo, los mismos que nos tocaron detrás en el avión de Londres, que llegaban a la plaza. Fueron los que empezaron a darle colorido a la plaza, plantaron una mega bandera de España en el centro de la plaza y muchos más empezaron a plantar las diferentes banderas que traían, hasta una búlgara que pensaba que era por aquello de Petrov, pero no. Aproveche a dar una vuelta para ver si encontraba algún sitio donde comprar algo para el partido, pero no encontré ningún supermercado, solo me crucé a los aficionados del PSV que se hallaban concentrados en la ahora poblada calle Stratumseind; en el video se puede observar el ambientazo que reinaba en la zona.

Volví a la plaza donde cada vez se concentraban más aficionados rojiblancos, entre ellos, Santi que por fin llegó después de un viaje de más de 7 horas desde que salió de su casa. Los cánticos (Te quiero Atleti, Vamos a dar la vuelta a todo el mundo, Muchacho, Muchacho bis,  y las bengalas empezaban a proliferar, con ellas los policías. Se acercaba la hora del partido y había que decidir si ir al hotel desde nos llevarían en bus o quedarnos en la plaza e ir con todos los aficionados.

Decidí acercarme yo solo al hotel para así poder aprovisionarme de unos calcetines para combatir el frío y de paso comprar algo de comer para el partido y encontrar el prosciutto que me habían pedido. Allí estaba el trompibusero todo feliz porque había conseguido arreglar el micrófono con el cuál el guía pudo amenizarnos, o más bien atronarnos, el trayecto hasta el estadio con los himnos del Atleti. El bus nos dejó dónde nos iba a recoger después del partido y fuimos a la puerta de entrada de los aficionados del equipo visitante que bien se podría llamar la ratonera. La gente se agolpaba alrededor de la única puerta de acceso. El proceso iba lento porque se verificaba uno a uno la identidad de los aficionados y eso provocaba que la gente se fuera alterando poco a poco a medida que se acercaba el comienzo del partido y que hacía efecto la ingesta de alcohol. Unos se colaban, otros preguntaban si valía la tarjeta de crédito y otros, extranjeros, iban con un taco de carnets con un número de socio bastante alto, lo cual indicaba que se lo habían sacado para poder acudir al partido.

Finalmente conseguí acceder a la ratonera y allí se debía pasar un torno, lo cual suponía otro tapón y una situación que, en el caso de que cundiera el pánico o a alguien le diera por liarla, podría haber sido fatal. Pasado el torno se subían unas escaleras y tocaba el cacheo, a mi me cacheó una mujer y afortunadamente el embutido y barras de pan que llevaba no me lo requisaron. Empecé a subir y subir escaleras, eso parecía el ascenso a la cúpula de Brunelleschi, y por fin llegué a la jaula situada en un córner del estadio; allí un operario me indicó que me sentara donde quisiera, así que me dispuse a buscar a los compañeros y los encontré. La jaula, como decía Paco, es como ver un partido en el plus, estaba toda acristalada y de frente una red tipo de tenis que dificultaba enormemente distinguir a los jugadores, todo por 50€, hay que recordarlo, eso sí la música magnifica, pero para eso te vas a una discoteca. Una vez instalado pude conectarme a la wifi del estadio para no perderme ninguno de los comentarios de Antoñito Ruiz en la COPE. Empezó un juego de luces y sonido previo a la salida de los jugadores y el siempre excitante himno de la Champions. La jaula estaba repleta de aficionados atléticos y banderas que animaban al equipo.
El partido comenzó con un Atleti bastante enchufado y dos oportunidades marradas por Vietto, que esperemos que la noche madrileña no termine de confundirle, y Griezmann. Fue una primera parte bastante equilibrada en la que los holandeses también se podían haber puesto por delante en el marcador, pero Oblak lo evitó sacando una mano prodigiosa, poco se habla de él. En el descanso dimos cuenta del avituallamiento mientras algunos aficionados bajaban las interminables escaleras para ir al baño o comprarse algo de comer. En la segunda parte, el partido seguía equilibrado y el Cholo dio salida a Torres a ver si con su experiencia encontraba un hueco en la ordenada defensa rojiblanca. Godín conseguía marcar a la salida de un córner, pero hizo lo de siempre, subirse a la chepa del defensa, y el árbitro pitó la falta. 
Cuando quedaban 20 minutos para el final, el mismo Godín le sacó la segunda tarjeta a Pereira y el PSV se quedó con diez, circunstancia que no pudo ser aprovechada por el Atleti y es que una de las carencias del equipo del Cholo es el ataque en estático. Correa hacía un poco la guerra por su cuenta. Gabi lo intentó con un tiro desde fuera del área. Juanfran y Filipe lo intentaban por la banda pero les faltaba alguien que les desdoblara. Poco se pudo hacer, así que el partido finalizó con un empate a cero muy celebrado por los aficionados del PSV, lo cual indica lo que significa el Atleti en Europa. Tuvimos que esperar 20 minutos para poder salir del estadio y bajar las escaleras sinfín.

A la salida nos obligaron a cruzar por dentro del campo para poder alcanzar el lugar donde nos esperaba el bus.
Aprovechamos a hacer alguna foto del bonito estadio y sus gradas y en los otros córneres se veía a gente en terrazas tomando copas. Nos montamos en el autobús y tomamos rumbo a Schipol donde, tras una copiosa nevada, a la 01:30h ya estábamos embarcados, pero, sin embargo, no pudimos despegar hasta pasadas las 03:00h porque, según comunicó el piloto, los utilleros del equipo tenían que pasar el control del equipaje y tenían que descongelar las alas; al menos el divorciado de Astaná y el pensionista de San Blas, que se levanta a las 11 de la mañana y se va a tomar unas cañas para después tomarse el menú del día, echarse la siesta, volver a tomarse unas cañas y acabar en el pub de un amigo, nos amenizaron la espera contándose su día a día. Así que cerca de las 6 de la mañana estábamos tomando tierra en el aeropuerto Adolfo Suárez Barajas. Salimos por la parte trasera y el equipo por la delantera para preparar el derby rojiblanco en 58 horas.